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martes, 23 de septiembre de 2008

Cuando la sociedad quiere sangre, y a los jueces se les da por cumplir la ley.


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En una muy reciente entrada, Gustavo Arballo comenta sus impresiones de lo que para él será el resultado final del juicio de Cromañón. Su entrada está [acá] y recomiendo su lectura (porque su contenido es harto interesante, a diferencia de lo que pueden llegar a leer acá, claro)

Como sea, lo que dice g.A me deja picando una duda:

De la misma manera que ciertos espasmos sociales paradigmáticos generaron un fenómeno de reforma político-jurídica en materia penal (imaginemos la mano dura de Ruckauf, las reformas Blumbergianas, etc.), una sentencia como la que imagina GA puede llegar a tener sus repercusiones.

Un Chabán que salga libre en pocos meses y un Callejeros condenado, creo yo, puede llegar a ser la punta de disparo para un nuevo espasmo social. Eso a los medios le viene como anillo al dedo (sumado a otras corporaciones e intereses que andan buitreando siempre por allí) y puede perfilarse como una nueva lectura de la justicia. Imaginemos a Doña Rosa digiriendo la idea de que "quien mata a 194 pibes, va tan solo unos meses preso; y encima a los de la banda de rock —que, para peor, perdieron muchos de sus propios familiaraes en la tragedia— también son condenados por la justicia".

Casi diría que pueden estar dadas las condiciones objetivas para que se revolucione un poquito la mirada sobre el sistema penal. Pero no me queda claro qué tipo de ideologías pueden llegar a surgir. ¿Mayores penas para los delitos culposos? ¿Mano dura indiscriminada? ¿Justicia popular por medio del escrache? ¿Cortar cabezas de jueces?

¿Qué tipo de reacciones traerá una eventual condenación por estrago culposo?

7 comentarios:

Tomás dijo...

Otra cosa, más fea de contar, pero obvia de notar, es que los medios reaccionan diferente por el "colorcito" de las personas fallecidas.

No digo nada nuevo si se piensa que Cromañón fue trascendente por el hecho de su magnitud, de la cantidad de muertes, del circo que los medios generaron en la figura de Chabán.

En otras palabras: el nivel social de la persona es directamente proporcional a la indignación que le produce a la gente "de bien" y la prensa que esa muerte ha de tener. (Es cuestión de ver cómo se titula una muerte en una villa y una muerte en Colegiales o Palermo, en algun noticiero al azar).

Por eso, otra posibilidad es que a la gente le importe "poco y nada" lo que pase con Chabán y su responsabilidad en la muerte de 194 "irresponsables que se joden por tirar pirotecnia en un lugar techado"(*).

(*) Opinión que no me pertenece, claro. Parafraseo ideas que últimamente he escuchado bastante a menudo en la calle.

Josephine dijo...

Coincidentemente con lo expuesto por Tom, me atrevería a ir un poco más allá. Con esa corriente frase "Juicio y castigo" con la cual la sociedad tiende a asimilar a su ideal de tarea de justicia (esta frase no sólo se utiliza en los juicios a los represores sino también a cualquier caso que sea medianamente tratado en los medios), se está (no quiero parecer agresiva) “mediocrizando” la labor judicial, y en especial el eje del derecho penal, tan susceptible a los reclamos sociales de turno. (En un año hubo considerables reformas que hacen que uno termine de cursar Derecho Penal y realmente no sirva ni un pepino las normas del Código Penal que a uno le “enseñaron” durante la cursada)
Fuera de la capacidad cuestionable o no expuesta en la tarea de un juez, esta presión mediático-social constante, hace que los magistrados y las interpretaciones judiciales se den como el manejo de los directores técnicos de fútbol: un día a un grupo de personas le pareció que actuó erroneamente, y al siguiente está de patitas en la calle. Creo que no hay manera de que cualquier actividad y aún más una de tal importancia como la aplicación del derecho en nuestro país se desarrolle y mejore, con este tipo de sistemas. Para eso, reformemos el sistema judicial, que se creen jurados de enjuiciamiento compuesto por civiles y problema solucionado.
De todas formas me resisto a esta idea en donde todas las decisiones institucionales giran en torno a una cuestión de imagen y condena social. Sería realmente lamentable que comience a reinar una suerte de prevención general negativa materializada en cuestiones penales, acompañadas de una estrepitosa criminalización y tengamos tribunales de condenas automáticas, y lo que es aun peor, irracionales; que no contribuirían a otra cosa que no sea la reproducción de delitos.

En fin, no me quiero poner a protestar, pero este tipo de panoramas no son agradables a la vista de quienes estudiamos.

PD: Muy buena la foto de Blumberg emulando al Fürher.

Julián dijo...

Tom: más allá de los espamos sociales que seguro produciría una sentencia en ese sentido, quiero decir: a no alarmarse. Suele alzarse, también en esos casos, la voz de juristas, operadores del derecho etc. que paran la pelota y nos indican que antes de cualquier reclamo trasnochado, agarremos la Constitución y lo pensemos nuevamente.
Lo que propongo es darle fuerza a esas voces, escucharlas, reproducirlas, transmitirlas. Porque suelen ser las únicas con cierta cordura.
Mientras en el noticiero de América (el de Andino) pasan la noticia con un titular al estilo: "Horror en Campana", y música de Psicosis, cuando lo que sucedió fué que robaron dos panaderías, lo que debemos hacer es buscar otras opiniones y hacerlas llegar (en la forma que sea) a esos que, en genral, no las tienen a disposición.
Saludos del Camarista.

sebastian dijo...

Hace tiempo que tengo en mi disco un escrito de Sunstein entre tantas otras cosas que nunca me sente a leer, pero parece bastante interesante y viene al tema. Se llama 'If People Would Be Outraged by Their Rulings, Should Judges Care?'

Es verdad lo del colorcito. Hay una dosis de racismo ahi, y es que sentimos cierta cercania hacia aquellos con quienes creemos tener mas en comun, y por lo tanto el resto se nos presenta como mas lejano, como menos persona. Las noticias 'Muere un argentino en el atentado a las torres gemelas' o '...en el tsunami de Indonesia' ya son costumbre en los diarios locales.
Pero tambien influye que la muerte de un chico rubio de san isidro es una verdadera notica, en tanto que muchos barrios marginales conviven con un grado tal de violencia institucionalizada que la muerte de un pibe del conurbano, lamentablemente, no sale tanto del esquema.

Tomás dijo...

Seba, tenés razón. Es dable entender que "sorprende" más una muerte en un barrio-zona-localidad que se supone tranquila a una muerte que se da una zona ya conocida como marginal o más violenta.

Pero el problema es que esa diferencia no se manifieste en la persecución penal de los culpables; en la energía y recursos que se le plantea a una investigación y los criterios con que los jueces sentencian.

Máxime que detrás de todo caso resuelto hay un efecto publicitario y de imagen muy importante.

Cromañón es lo que es porque murieron más de 190 en un saque. Es imposible no prestarle atención. Pero en el caso de Walter Bulacio se tuvo que llegar a la Comisión y más luego a la Corte interamericana para buscar justicia.

No sé. Si Bulacio era de apellido Blumberg, en 2 o 3 años tenías un condenado.

ABovino dijo...

Tomás:

Creo que si bien es cierto lo que aquí se dice, tanto en el caso de Cromagnon como en otros —v. gr., sucedió en La Tablada, donde una de las abogadas del caso era la madre de uno de los chicos muertos en el hecho—, la presencia de un progenitor abogado eleva la espiral de reclamos represivos.

Los familiares de las personas fallecidas en Cromagnon merecen todo nuestro respeto y comprensión por su dolor, pero ello no les da derecho a hacer algunas de las cosas que hacen.

Van dos ejemplos. Cuando se aprobó el enjuiciamiento de Ibarra, se publicó la noticia de que sería Julio Maier, el presidente del Superior Tribunal de la Ciudad, quien intervendría en el recinto de la Legislatura como juez, pues así lo prevé la Constitución de la Autónoma. Pues bien, sin saber siquiera quién era Julio Maier, un grupo de familiares de las personas fallecidas salió a insultar gravemente a Maier, afirmando que era un títere de Ibarra, entre otras cosas. Recuerdo que el Departamento de Derecho Penal de nuestra Facultad, con la firma de la gran mayoría de sus profesores, contestamos esos insultos reivindicando a Julio —aclaro que no soy muy imparcial pues Julio es mi maestro y amigo—.

En otra oportunidad, y después de todo lo que ya había sufrido Gustavo Bruzzone —también la jueza Garrigós de Rébori, pero en su caso jamás hablé con ella del tema—, pasó lo siguiente. Habíamos invitado a Bruzzone a presentar el libro "Garantías constitucionales durante la investigación penal", compilado por Florencia Plazas y Luciano Hazán, en el Salón Rojo de la Facultad.

Algún imbécil levantó la noticia y la publicó ya no recuerdo dónde con ánimo de generar discordias, y finalmente se recibieron mensajes advirtiendo que se haría presente una delegación de padres y madres durante la presentación del libro.

Bruzzone, quien ya nos había confirmado, me llamó para explicarme esto y preguntarme si no me molestaría que no participara. Por supuesto que no me molesté, aunque traté de convencerlo de que viniera de todos modos. A último momento Bruzzone me avisó que no vendría, y afortunadamente, pasó por allí el amigo Hernán Gullco y se convirtió instantáneamente en presentador.

La invitación fue improvisada pero no irresponsable, pues Hernán, así como Bruzzone, Mariano Bertelotti y Manuel Garrido, habían colaborado muchísimo con los compiladores con sus conocimientos sobre jurisprudencia.

Con el caso de La Tablada, a mi juicio, hubo problemas parecidos —en el sentido de las decisiones y consejos de un abogado que es padre o madre de alguien que falleció—.

No vale la pena ahondar aquí sobre ellos, pero estos dos casos señalan, a mi juicio, algunos problemas con los padres-madres abogados que intervienen en esta última calidad en causas tan traumáticas como éstas.

Saludos,

AB

Tomás dijo...

Alberto, coincido en todo.

Es más, es justamente casos como el que mencionás (un abogado como víctima) que los espasmos de los que hablo se hacen más evidentes. En el tema Blumberg (el paradigma de los casos) pasó que era una persona a la cual por su nivel social y codeo con ciertos periodistas y políticos, logró una convocatoria masiva que estaba enternecida por el hecho de que le mataron a su hijo.

Incluso lo de Blumberg fue peor: se le dio la voz legislativa a quien sufrió el delito en carne propia. ¡Qué peor que eso!.

Toda persona tiene derecho a tener las más irracionales de las reacciones frente a la muerte de un hijo. Todos la tendríamos. Nunca sabemos de lo que somos capaces cuando se meten con nuestros seres queridos, porque justamente nos vamos a un estadio pre-moral, casi instintivo, impulsivo. A título personal, no sé cómo respondería si veo a alguien que está dañando a mi hija o hijo. No sé como reaccionaría.

Creo que el problema es que los pedidos —muchas veces poco meditados— de las víctimas son extremos, y frente a los micrófonos y los medios, se transforma en un reclamo social: Blumberg convenció a todos de que a más penas, la inseguridad se solucionaba. Ahi vendés irracionalidad al por mayor y la gente compra.

Todo lo que ocurrió políticamente post-cromañón fue una payasada. Y muchos padres de víctimas de cromañón saben que en algunas cosas están meando fuera de el tarro. Pero, insisto, como gente que perdió hijos, maridos o hermanos, los entiendo 100%. Lo único que cabe esperar es que los jueces, políticos o legisladores, los entiendan con esa limitación también. La furia y la venganza jamás son la expresión de la razón; todo lo contrario.

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