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domingo, 25 de enero de 2009

Algunas lecturas

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Aprovechando un poco el tiempo libre, la feria judicial y el sano cansancio que te deja la playa, me apresuré a leer/terminar algunas lecturas que tenía pendientes. Compatibilizando ésto con algún correo que llegó sobre recomendaciones, hago un breve comentario sobre alguna de ellas.


Aborto voluntario, vida humana y Constitución, de Andrés Gil Domínguez. Hablar del aborto es difícil, en tanto dar una opinión que tenga un mínimo de coherencia puede llevar un largo tiempo, seguramente algo más de lo que un diálogo cotidiano permita. Escribir del aborto ha de ser igual o aun más difícil.

Gil Domínguez (el Chopin del Derecho Constitucional, al decir de Sabsay en el prólogo) con este libro, me da la sensación de que hace un gol de media cancha.

El libro es completo, de lectura muy sencilla (no hay acá un dogmático que le escapa a la realidad y se sumerge en el barroco lenguaje jurídico) y de referencia obligada. Trata lo que se dijo, lo que se dice, y lo que debería decirse tanto en doctrina como en jurisprudencia; en derecho argentino y también analiza el derecho comparado. Cierra con una entrevista a un set de personajes importantes del mundo jurídico (Kemelmajer, Bidart Campos, Zaffaroni, Dalla Via, Gelli y un largo etc.) en donde les hace un juego de preguntas bien al grano para que cada uno dé su opinión. ¡Muy bueno!

Es un libro que busca las respuestas dentro del derecho constitucional (es la máxima que abre el libro), en tanto es allí donde está el marco de análisis; entiende que en la persona por nacer hay una vida, que tiene una tutela constitucional pero que axiológicamente e históricamente no tiene ni ha tenido el mismo valor que una vida humana ya nacida, cosa que ha reafirmado el reformador en 1994. Insiste en que no toda tutela constitucional tiene que derivar en la conminación penal, que —a peor— ésta es totalmente contraproducente en lo que a defensa de la vida respecta. Su postura, entonces, es claramente despenalizante. Pugna por un modelo no de persecución penal sino de aborto libre pero con asesoramiento obligatorio y previo en donde el Estado debe de intentar disuadir a la mujer que desea abortar para que, mostrándoles distintas alternativas, pueda revisar y cambiar su decisión. Pero esa posibilidad de decisión de abortar en la mujer estará presente sólo en las primeras doce semanas de embarazo (siendo éste el bemol de su postura en tanto la justificación de ese período es algo escasa, basándose en Roe y otros casos internacionales, en que estadísticamente es en ese período donde las mujeres deciden abortar, en que ese período permite hacer el asesoramiento sin que luego sea peligroso abortar, etc.). En este punto, su punto, uno querría leer algo más. Tal vez lo desarrolla en otras obras. No sé.

Si la mujer, aun con ese asesoramiento obligatorio y previo, decide abortar el autor plantea que la respuesta del estado debe ser proteger la vida humana a través del asesoramiento estatal que incluye la prohibición que se proyecta a los restantes poderes de admitir la realización de abortos entre las prestaciones básicas obligatorias de las obras sociales. El Estado, en los casos de mujeres de escasos recursos, debe y tiene que proveer de acceso a los servicios públicos de salud para la realización de dicho aborto, en condiciones dignas y saludables (con esto compatibiliza la función del Estado y los tratados internacionales que tutela a la mujer en lo que a discriminación refiere). Agrega que para los médicos y demás profesionales del arte de curar que no deseen realizar estas prácticas, deberá crearse un registro para objetores de conciencia donde puedan manifestar su voluntad.

En suma, creo que es un must y la verdad me gustó mucho. Ya había leído sobre el tema con Life´s Dominion de Dworkin y tengo pendiente el de Farrell, “La ética del aborto y la eutanasia”.

Bien por este libro y bien por su postura de que el derecho penal no es la única vía de protección de bienes constitucionales. Esa idea es excelente y asegura que su modelo de solución (si es que esa palabra es válida) tenga una base que comparta plenamente.

Dónde, cómo, cuanto. Acá.



Saber escribir, del Instituto Cervantes.

A no mentir: este libro lo compré porque me gustó el nombre y la tapa. “Saber escribir” y una pluma al medio (una microfibra para ser sincero). Claro que por la autoría estaba consciente de que no compraba una truchada, pero bueno, sí admito que fui impulsivo.

Soy de distinguir los libros de lectura completa y los libros de lectura de consulta. “El Aleph” es un libro de lectura completa, en tanto que “Medidas Cautelares” de Eduardo de Lazzari es un libro de estudio y de consulta. La diferencia es obvia.

Cuestión que este libro lo compré como de consulta y lo terminé leyendo íntegro. Lo empecé, lo dejé y ahora lo terminé. Completo y agradable.

Reflexiona sobre la lengua española, la comunicación y el lenguaje, la expresión escrita, la ortografía, la corrección gramatical, el proceso de escritura, la narración y la descripción, la forma y estilo de escritura, los modelos según las funciones de los textos, la redacción profesional, la académica, la administrativa, la opinión y cierra —por suerte— con el análisis de la escritura en las nuevas tecnologías (sms, web, blogs, mails, etc.). Nada de vieja escuela quejosa de los jóvenes verdugos de la escritura, sino un buen pantallazo y análisis actual de cómo se escribe.

Admito muchos déjà vu de mis clases de Lengua.

Datos acá.



Derecho, lenguaje y lógica, Ricardo Guarinoni.

Es un conjunto de reflexiones del autor que las conjugó en un libro con un, como siempre, desproporcionado precio. En fin.

Sabido es que hay una pequeña guerrita entre los lógicos (desde Alchourrón-Bulygin, Guarinoni, Guibourg, etc.) que ven en el sistema normativo un sistema deductivo y la lógica (deductiva, simbólica) una herramienta esencial, y aquellos que son totalmente escépticos al uso de la lógica. Éstos se enrolaron más en las llamadas teorías de la argumentación. Desde Perelman y Toulmin, hasta Alexy, MacCormik, y el mismo Atienza quien, como dice Jorge Rodriguez en un trabajo muy bueno [acá], intenta autopostularse como en una posición intermedia aceptando “alguna utilidad” en la lógica deductiva, cuando en verdad no le asigna fin alguno. Tan sólo un detalle o cordialidad académica más que otra cosa.

El libro tiene temas interesantes y otros que me resultaron medio embole. Me interesaron el análisis de las “teorías” del derecho privado. La crítica a la idea de “inexistencia jurídica”; y el último que habla de los avatares de la lógica jurídica. Los demás son interesantes pero son cosas de las que ya se ha escrito mucho o tal vez mi humor de lectura no fue el indicado cuando lo leí.

Interesante. Datos acá.


Las razones del derecho, Manuel Atienza.

Libro que leí en dos tiempos. Lo comencé, lo dejé y este verano lo terminé. Considerando lo antedicho, este libro está en la “otra vereda” de la mirada de Guarinoni. Atienza hace un análisis crítico de las principales miradas de la teorías de la argumentación surgidas a partir de la década del cincuenta: Viehweg, Perelman, Toulmin, MacCormick y Alexy.

Deja sentado su propio proyecto de una teoría de la argumentación. Muy interesante por cierto.
Comparto la visión de Atienza sobre la crítica a los lógicos y me siento más cercano a las teorías de la argumentación que a la utilización acérrima de la lógica deductiva en el análisis de la norma.

Atienza dice: La argumentación jurídica va más allá de la lógica jurídica, pues como se ha visto con anterioridad, los argumentos jurídicos se pueden estudiar también desde una perspectiva psicológica o sociológica, o bien desde una perspectiva no formal, que a veces se denomina lógica material o lógica informal y otras veces tópica, retórica, dialéctica, etc.

De Atienza había leído docenas de trabajos que se pueden encontrar [acá], e incluso su libro “Las piezas del Derecho” (Ariel, 1996) que hizo junto a Ruiz Manero que usé en un proyecto de investigación. Áspero de leer, lo admito, pero en lo que son las “teorías generales del derecho” (si es que existe algo así llamado) es de lo mejor.

Lo mejor de este libro es que se consigue gratis acá.

* *

Hago formal invitación a quien pase por esta entrada a que comente alguna cosita interesante —no necesariamente "jurídica"— que haya leído y que valga la pena compartir.

3 comentarios:

David Grasún dijo...

A propósito del aborto, el Vaticano ya salió a criticar a Obama por la reciente decisión adoptada en relación al aborto con los argumentos conocidos sobre el derecho a la vida y la masacre de los no nacidos. Al mismo tiempo levantó las excomuniones sobre los obispos de Lefebvre.
El año pasado mientras Bush y Benedicto festejaban el cumpleaños de Ratzinger (17-04-2008) la Suprema Corte estadounidense autorizó las ejecuciones de pena de muerte sin que el Papa dijera nada sobre el derecho a la vida de los vivos. (Confrontar diarios de esa fecha).
Como dice Batata Clerc en las transmisiones de tenis de ESPN: Que liiiiindo! (con tono sarcástico obviamente).

Gustavo Arballo dijo...

"La Apelación", de Grisham, tre-mendo libro. Clap clap.

"Virtud soberana", de Dworkin, cuesta seguirlo.

"El economista encubierto" de Tim Harford. Que en realidad es un libro de Análisis Económico del Derecho, o se puede leer así.

Y una biografía "Truman Capote" de Gerald Clarke. Bien, pero debería tener fotos.

Además, dos decepciones. "El corresponsal" un libro de espías cruza Le Carré con "Casablanca", choto. Y un novelón aburridísimo llamado "Infortunio" de un tal Wesley Stace. Lo dejé a la mitad. Tendría que haber leído un Harry Potter.

Tomás dijo...

Había visto el de Grisham en una librería y quedé tentado. Me lo vendiste bien.

En estos días veré si lo compro.

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