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jueves, 19 de marzo de 2009

El diagnóstico que no cambia con el tiempo.

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Lo triste de Mafalda, o de Tato Bores, es que aquellas críticas sistemáticas, que con tanto talento fueron hechas —aun desde distintas formas y visiones del humor—, no prescriben en absoluto. Por el contrario, se mantienen tristemente vigentes, tal como si sus libretos hubisen sido escritos hace tan solo días.

En estas épocas de un hiperpresidencialismo bombástico, con aires de realeza (donde hay que hablar de presidente de facto, de matrimonio presidencial, etc.); donde la presidenta festeja el cumpleaños número 25 de la democracia hablando de las elecciones como un "escollo suicida", donde se escuchan gritos de "¡atorranta!" en el Parlamento; donde el —¿ex?— presidente habla pestes de una forma de actuar que luego, borocoteo de por medio, decide imponer so pretexto de tener que dedicarse a cosas más importantes; donde quien piensa diferente es traidor, donde el poder ejecutivo decreta y reparte aquéllo que debería decidir el Congreso, y un largo etcétera, necesitaba leer algo como para estar seguro de que eso no es la media, lo normal, sino que la locura en la que se vive en este país tiene niveles asombrosos.

Por la sana culpa de GA y ésta entrada, dí hace un tiempo con "Fundamentos de Derecho Constitucional", de Carlos Nino. Obra que voy atacando de a partes, en forma desordenada, pero con mucho gusto.

Parafrasear su análisis filosófico, jurídico y politológico de la práctica constitucional argentina (así se subtitula la obra) sería casi una torpeza de mi parte; un atrevimiento.

Prefiero dejar acá unos parrafitos cuyo contenido, me parece, resulta ser un diagnóstico sublime cuya vigencia actual es tristemente evidente.

Al evaluar el hiperpresidencialismo argentino desde el punto de vista de su legitimidad democrática, en el punto B del Capítulo III de su obra, bajo el subtítulo "empobrecimiento del debate púbico", dice Nino:

"Otra causa de la disminución del valor epistémico del proceso democrático que está bastante generalizada en el mundo contemporáneo, pero más aun en la Argentina, es la pobre calidad del debate colectivo.

La discusión de los principios de organización social y política de concepciones generales de la sociedad y de las soluciones justas para encarar los aspectos problemáticos de la vida social, es reemplazada por imágenes pictóricas de los candidatos, por formulaciones extremadamente vagas de sus posiciones, o por invocaciones emotivas.


(...) Una buena parte del empobrecimiento del debate público es causado, como tuvimos ocasión de sugerir, por el mismo sistema presidencialista. Uno de sus efectos es la tendencia a concentrar las campañas electorales en las personas individuales que son candidatos para el centro de poder unipersonal en lugar de enfocarlas en ideologías o en propuestas sustantivas. La apariencia del candidato, su vida familiar, sus gustos, y pasatiempos, son más importantes que sus posiciones sobre el tamaño del sector público, la desocupación o la seguridad social.

Los sistemas presidencialista, como vimos, contribuyen esencialmente a degradar la discusión pública gracias a la polarización que producen y la necesidad de los candidatos de dirigirse a enormes sectores del electorado. Ello hace que sus mensajes incluyan el mínimo contenido ideológico, que estén plagados de promesas vagas e inconsistentes y que apelen a factores emocionales con los que se intentan unificar, detrás del candidato, a grupos con intereses e ideologías contrapuestas."

Más adelante dice:

"El parlamento, con su carácter abierto, público e igualitario, se convierte en el verdadero foro de la de la discusión pública, en el que el gobierno debe exponerse cotidianamente de igual a igual a la crítica de la oposición sobre cada medida de gobierno, a la vista de toda la opinión pública. Esto se echa totalmente de menos en la Argentina, donde el Congreso ha dejado de ser el ámbito en el cual se discuten las cuestiones que más interesan a la población. Los grandes agentes del proceso político —los miembros del Poder ejecutivo— o no concurren al Congreso con la periodicidad debida, o si lo hacen es en una actitud imperial —como el presidente cuando inaugura las sesiones— o con cierta condescendencia, ante los legisladores; estos mismos generalmente no están lo suficientemente bien informados como para poder hacer interpelaciones efectivas y se limitan a extensos y vagos discursos; generalmente los temas son discutidos con mucha diferencia temporal respecto del momento en que el problema se suscitó y despertó el interés de la opinión pública; los debates parlamentarios no son suficientemente difundidos. Esto hace que el verdadero locus de la discusión pública en la Argentina no sea el recinto parlamentario, sino cualquier lugar en que el Presidente se digne a hacer sus breves y cortantes declaraciones a la prensa —generalmente en el curso de algún desplazamiento majestuoso— o los programas periodísticos en la televisión."


"Pero por supuesto, el deterioro del debate público como el que se observa hoy en la Argentina no está sólo determinado por la dinámica del sistema presidencialista. La discusión en el Congreso mismo está sufriendo una degradación importante. Esto tiene que ver ciertamente con la calidad de los legisladores, lo que a su vez está determinado con la forma de seleccionarlos, como vimos en el parágrafo anterior, pero también con las regulaciones internas de las Cámaras sobre la forma en que los debates son conducidos y las decisiones son adoptadas. El fenómeno de la disciplina de bloque —contrariamente a la disciplina partidaria que, como vimos, tiende a mantener la fidelidad a los principios del partido—, que obliga a todos los miembros de un bloque a votar como lo decidió la mayoría en sus integrantes, es extremadamente perjudicial para la calidad del debate en el Parlamento, ya que nadie habla para convencer a los demás, pues la posición de cada bloque está ya adoptada antes de la discusión."

Carlos Santiago Nino, en "Fundamentos de Derecho Constitucional". Buenos Aires. Astrea. 1992., páginas 613-615.

El libro se consigue acá.
No conozco a Nino. ¿Quién es?. Info sobre él, acá.

4 comentarios:

Meursault dijo...

Bueno, pero justamente con este gobierno creo que no se está dando esto tanto como se ha dado con los anteriores. El "matrimonio" presidencial no hace otra cosa que hablar de sus ideologías -sin hacer ningún tipo de referencia a su vida privada, familiar, etc.- y a proponer debates de todo tipo -ley de medios audiovisuales ahora, la más importante que se pueda dictar en este país, creo yo-. Y en cuanto al parlamento, más allá de la riqueza o pobreza de los expositores, nunca como en esta época la población ha estado tan pendiente de ellos como ahora.
Se puede criticar a este gobierno por muchas cosas, pero lo que es seguro, es que ha generado un interés político en la población en general, como no he visto en toda mi vida (32 años). Y eso ya es bueno para la sociedad. Que se discuta de política creo que es altamente positivo. Ahora habrá que ir mejorando el nivel de la discusión, pero el primer paso, que es el interés por lo político, ya está dado.
Y hoy por hoy, todos los vicios que se le pueden enrostrar a este gobierno, se multiplican por miles cuando se asignan a la oposición. De hecho, creo que el gran problema de este gobierno, es que no tiene una oposición mínimamente preparada y responsable para encarar los temas. Frente a eso, no le queda otra opción -independientemente de que ingenuamente podamos dudar si el gobierno quiere o no eso= que adoptar las medidas que él considere sin escuchar a la "me oponto a todo" oposición.

L! dijo...

Iba a decir algo muy muy similar a lo que dice el comentario anterior, así que me ahorro un montón de palabras, y dejo que alguien pueda agregar algo.
Sólo quiero decir que tu visión de la presidente (quien por otra parte ha sido legisladora) parece bastante influenciada por la mirada de cierto sector de la sociedad y de los medios masivos de comunicación.
Saludos.

Fabricio dijo...

Si criticas al matrimonio presidencial, tambien tenes que criticar a los Fiscales que no hacen ABSOLUTAMENTE NADA, una vergüenza, mientras se ejecuta un delito federal en una ruta, entorpeciendo el comercio de alimentos, etc.; y a esos poderosos que, haciendo lo QUE QUIERAN, nos perjudican a todos (hasta a los más pobres).

Eva Row dijo...

Se puede criticar a este gobierno por muchas cosas, pero lo que es seguro, es que ha generado un interés político en la población en general, como no he visto en toda mi vida (62 años). Duplico los dichos del primer comentarista.
Las críticas a este gobierno vienen de su mayoría parlamentaria, como si fuera ésto anticonsitucional. Nadie puede ser inducido a tomar para sí menos derecho que el que la ley le otorga. Si las cosas se hacen en el marco legal, deben ser calificadas de buenas. Utilizar el marco legal para las acciones no debería ser cuestionado jamás.
En todo caso, para restar poder al Presidente con mayoría parlamentaria, habría que aspirar a modificar la Constitución, y que se presidente el de la segunda mayoría. Así, el Congreso estaría obligado a debatir y aumentaría su poder. Pero no parece haber sido ese el espíritu de la Constitución. La nuestra es una Constitución que trata de que el Presidente se vea con el mayor poder posible. No es culpa de Cristina.

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