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martes, 14 de julio de 2009

Alumno vs. Docente. Quién condiciona a quién.

La medida de la enseñanza no es lo que el profesor dice, sino lo que el alumno aprende.
R. Guibourg

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Juan, autor de “Deconstruyendo Humanos”, a propósito de ésta entrada, nos comentaba lo siguiente:

Doy un curso de DDHH, UBA, a la noche. Y, como forma de evaluar elegimos, luego de intensas discusiones, tomar un primer examen escrito tradicional (no me gusta, pero hubo que conceder), un caso escrito, con bibliografía, laptops y biblias abiertas (si te interesa chusmearlos, están en mi blog deconstruyendohumanos.blogspot), un final oral y un trabajo libre (absolutamente libre) sobro lo que se les ocurra que tenga que ver con la materia, usando como disparador peliculas u obras literarias varias, asignadas al azar.

La experiencia de todos los cuatrimestres dice que, ante el primer examen, todos los alumnos terminan felices y con buenas notas. En el segundo examen, repiten lo que dicen los textos y las normas, lo que claramente no alcanza y terminan bochados y enojados.

Y el TP final es una constante queja por la falta de límites (salvo el máximo de 8 carillas, para que no se dediquen a transcribir, sino a pensar), y hay tres o cuatro trabajos que bajan completos de internet y no tienen ninguna relación con nada de nada.

Personalmente, sigo creyendo que el segundo parcial y el TP son lo mejor que tenemos, pero a veces es desesperante ver que uno intenta hacer las cosas un poco mas divertidas y atractivas, y lo que del otro lado se espera es estudiar una guía de estudio de memoria.

Sinceramente, es algo que no sé como manejar, así que espero oir cómo se perciben desde tu lado estas cuestiones. A mi personalmente, cuando estudiaba (no hace tanto), me divertían mucho mas estas cosas (recuerdo haber disfrutado mucho una investigación sobre Inteligencia artificial, hecha para Metodología de la Investigación), pero soy medio freak, asi que no creo ser buen parametro.

Lo que dice Juan es cierto. Evidentemente hay una retroalimentación (feedback) entre el alumnado y el docente y parece claro que —de alguna manera— las cualidades de uno pueden definir y marcar el desempeño del otro.

A ver.

Por un lado, el “alumnado” (llámese auditorio en lo que a la “clase” respecta) es un grupo de personas, heterogéneo por naturaleza: variado en edades, expectativas, capacidades, intereses, disponibilidades horarias, historias de vida y un enorme etcétera. Existe el alumno muy interesado, el curioso, el que quiere ver qué onda, el que le gusta mucho toda la carrera pero justo esa materia no, el que le gusta la materia pero está complicado de tiempo y no logra prepararla bien, el que la vida le pega duro y no puede estudiar, el vago, el indiferente, etc. Hay muchos. Siempre en un auditorio hay una muestra representativa de cada uno de ellos.

Por el otro lado tenemos a los “docentes”: esto ya lo comentamos en el blog hasta el hartazgo. Dijimos en su momento que hay docentes y meros abogados que dan clase. A los fines de esta entrada, nos vamos a quedar con los docentes. Aquellos que tienen vocación y una mínima gana de hacer las cosas bien, con imaginación y algo de pilas. Es un presupuesto teórico necesario para discutir el tema.

El problema

El feedback es el eje del problema. No es atrevido decir que entre el auditorio y el docente existe una interactividad tal, que genera que el desempeño, interés y energía que pone uno de ellos, repercute (o puede repercutir) positiva o negativamente en el desempeño, interés y energía que pone el otro. Son vectores que van y vienen; uno puede influenciar al otro, sea de docentes hacia los alumno o viceversa.

En verdad, parecería surgir un círculo vicioso (casi como el problema del huevo y al gallina) donde frente al problema pedagógico “siempre la culpa la tiene el otro”. Causa y efecto tienden a confundirse. Esto es: ¿Son los alumnos quienes carecen de interés y dedicación y por eso el docente se ve obligado a achatar su desempeño (en nivel, creatividad, formas de evaluación, etc.) o es por ese achatamiento del docente (cuyas razones pueden ser otras) que los alumnos tienden a ser cada vez más proclives al bajo rendimiento?

Lo cierto es que no hay respuesta

Es obvio que la pregunta no tiene respuesta. Primero porque en un supuesto donde dos fenómenos entremezclan sus cualidades de causa y efecto recíprocamente no parece haber razón para definirse por uno de ellos. Es decir, es tan probable que un docente se canse de sus alumnos “vagos” como que ocurra lo inverso: que los alumnos estén totalmente aplanados por todo un sistema pedagógico que desde el ingreso les moldeó la cabeza para pensar de una manera y por más pila que le ponga un docente (que es uno entre mil que no son como él) no va a dejar de costarle o bien parecerle molesto un sistema de evaluación distinto (aun cuando conscientemente sepa que es mejor a los fines de su preparación).

Quiero decir, no hay posibilidad de saber. Es demasiado casuístico. El clásico “todo depende”. Relatividad pura.

Pero...

Pero sí creo que hay que eliminar algunas respuestas por ser moralmente reprochables. Esto qué quiere decir —y hablando en el plano del deber ser—: un docente nunca puede bajar el nivel de la clase cuando ve que sus alumnos le reclaman (directa o indirectamente) un sistema de aprendizaje/evaluación que él considera malo, perjudicial o inadecuado. Ese debe ser el principio rector. Sencillamente no puede el docente buscar en la calidad de su auditorio, la razón última que justifique el por qué se apega a un método que en el fondo considera equívoco. No digo que no pase, probablemente muchos docentes estén en tal situación. Sólo hay que reconocer que es una excusa disvaliosa.

  • Nada de esto implica negar ciertos temores que todo docente puede tener y que son muy entendibles. Una mala fama —sobre todo en universidades chicas— le genera que los inscriptos a su cursada sean cada vez menos, y termine dando clase para dos o tres, hasta que finalmente su cursada quede en la nada misma frente a otras comisiones que se abarrotan de gente que saben qué modelos de examen toman y que allí con la memoria es suficiente. La otra posibilidad es que los alumnos siquiera lo sigan en sus métodos innovadores de evaluar o dictar clase y tenga que desaprobar a grandes cantidades. Nunca es bueno desaprobar a mucha gente; nunca ningún docente puede jactarse de “bochazos generales”. Quien lo hace, mi pésame para él.

¿Entonces?

Creo que los docentes que plantean nuevas formas de dar clase, de adquirir conocimientos, de discutir material y de evaluar, tienen que considerar un desafío doble. No sólo dar forma a nuevas formas de enseñanza y evaluación a los fines de separarse en lo que más pueda de la típica y errada concepción memorística de la enseñanza del derecho, sino también buscar la forma de que el alumnado entienda y comprenda valor de ese, su método “diferente”; si sabe que lo suyo es la excepción, el intento de cambio, debe estar plenamente consciente de su condición de innovador; debe pregonar por el cambio con un esfuerzo extra.

Capaz lo que debe es “vender” un poco su método (dicho en términos jocosos); convencerlos un tantico de su utilidad y su valor. Explicar en una clase introductoria que la cátedra tentrá tales o cuales características, que buscará desarrollar tales o cuales aptitudes y que ello es mejor frente a otros sistemas por tales o cuales razones. Con eso es suficiente. No debe sacrificarse por convencer al ciego que no quiere ver y al sordo que no quiere oír. El docente no será un héroe que luchará por defender su método a capa y espada. Simplemente dar a conocer el método a usar y explicar su valor. Nada más. Si aun así a alguien no le simpatiza, nada se puede hacer. No se puede dejar feliz a todo el mundo.

No es que el docente dará la clase para los pocos que lo siguen; la dará para todos, pero con el nivel que él considere y no el que le reclamen los alumnos conformistas o renegados. De igual manera, tampoco será sordo a la respuesta que del alumnado le vuelva; tendrá que lidiar con el uso de su método y asegurarse de que los alumnos —en definitiva— puedan aprender.

Un cambio en la pedagogía jurídica no puede comenzar en los alumnos. De ellos hay que esperar siempre que intenten ir a lo seguro, a lo fácil, a lo conocido (un deseo por el statu quo en parte esperable [no por ello admirable] en un universitario). El cambio, si de docentes-alumnos hablamos, debe empezar por quien dicta la clase.

Es un lío. Un flor de desafío. Pero con intentarlo ya merecerá el mayor de los elogios; y ante el fracaso (o el simple cansancio), nunca culpar a sus alumnos. Eso le quita todo lo valioso al esfuerzo.

16 comentarios:

Rocio Gp dijo...

Y tal vez yo también sea un freak mas en este bendito sistema.
Particularme me desagrada que los docentes evaluen tu memoria y la fantastica ¿? habilidad de reproducir textos y normas y leyes y un sin fin de etcs.. A mi simple ver... de qué me sirve saber de memoria las cosas? prefiero manipularlas, entenderlas, pensarlas, para que de esa manera pueda aplicarlas, en lo posible correctamente.
Prefiero los orales, pero los orales en donde uno elabora un punto de vista, en donde uno piensa la materia y la va "dialogando" con el docente, me parece que esa es la mejor manera que tiene el docente para ver si el alumno sabe de lo que esta hablando o tira pura fruta. Es más, creo que este tipo de examenes beneficia a los que no tienen tiempo pero que pese a eso, siguen en la lucha por recibirse, porque digamos... no podras recitar las cosas de memoria pero si lo sabes "hablando se entiende la gente", no?
Por otra parte, el trabajo libre... y bueno, es cierto que muchos lo critican, y quizas en un comienzo hasta habre sido una de esas personas criticonas pero, cuando ya estoy inmersa en ese trabajo investigativo o explorativo, lo amo.
Recuerdo que algo semejante tuve en Teoría del Derecho (vendria a ser Filosofia del derecho). El 2do parcial fue una especie de ensayo... tan libre no era porque tiro una lista de temas (muchos temas, pero temas al fin). Recuerdo elegir Aborto, Iglesia Catolica y el Derecho. Y de ahi en mas, vos volcabas lo que pensabas procedente. Me mate en ese ensayo, le dedique muchas horas, horas que pense en mi vida le iba a dedicar, y al final de todo me sentí orgullosa de lo que habia escrito.
Que se yo, soy rara. No me gusta estudiar, me gusta entender. Entender para explicar, entender para conocer.

Excelente el blog como siempre!
Besos

ABovino dijo...

Tomás:

Casi en todo de acuerdo con vos. Lo que no creo es que el estudiante siempre se quede esperando el cambio de metodología. Más allá de que considero que la mayor responsabilidad del docente, los AQDCs no podemos desoir los reclamos sobre las necesidades que los estudiantes tienen.

Y como el objeto de estudio es el que determina en mayor medida la metodología más adecuada, la intervencion activa que debemos lograr que se produzca para que se expresen libremente puede resultar de suma utilidad para modificar lo que no sirve.

Yo estoy firmemente convencido de que motivándolos, depositar fuertes expectativas positivas sobre todos los estudiantes, usar un poco de imaginación -generalmente las ideas más creativas vienen de los auxiliares docentes- y tratar con respeto a los estudiantes produce muy buenos frutos.

Ahora sí, al menos en mi Facultad (UBA) las limitaciones de recursos operan, a veces, como un gran impedimento para el desarrollo de metodologías más actualizadas.

Saludos,

AB

Tomás Marino dijo...

AB, coincido plenamente. Sobre todo el tercer párrafo.

Y por lo de los recursos también. Un cañón para proyectar trabajos, o alguna tele o algo para ver películas videos u otras cuestiones sería ideal.

En mi facultad para pedir el cañón creo que tenés que sacarte sangre y hacer unos trámites en la embajada de Ecuador.

Vicky dijo...

Tomás, muy buen post, coincido con tu último comentario, es muy difícil trabajar sin recursos, tanto para los docentes como para los alumnos.

Estuve en una cátedra de Comercial que nos hizo correr y recorrer Buenos Aires, fue muy buena la técnica y el profesor determinante: ninguno de Uds. se va de esta comisión sin conocer tribunales. Esto fue en alusión a una ex empleada suya que no conocía tribunales, egresada de una conocida Universidad Católica...

También hay que tener en cuenta que en algunos casos, más que AQDC, tenés entes que ponen cara de tuje cuando hacés una pregunta. Deduzco que su pensamiento es algo así como "qué carajo no entendés de mi excelente explicación y encima te atrevés a cuestionar algo".

Slds

ABovino dijo...

Vicky, me intriga eso de recorrer Buenos Aires. Durante el horario de clases nosotros no podríamos hacer nada, dado que es de 20 a 21:30.

El año pasado en el curso de Actividad probatoria les pedimos como trabajo práctico asistir a un juicio (de los casi de verdad, no de los "abreviados") y escribir algo sobre esa experiencia.

Pero ese tipo de cosas se pueden volver problemáticas porque la gran mayoría de nuestros alumnos laburan todo el día, y en realidad no podemos exigirles que concurran a un juicio fuera del horario de clases.

En cuanto a los recursos, olvídenlo. El año pasado invitamos a Gerardo Fernández (un excelente abogado del CELS), a que nos mostrara un peritaje de reconstrucción informática de un hecho de homicidio doloso cometido por un agente policial al, perseguir a un sospechoso. El video y las explicaciones de Gerardo fueron maarvillosos, pero conseguir el fucking cañón y un ¡aula con enchufe! le llevó a Tamara tantos trámites como los de un exiliado político.

Dado que yo creo que hoy en día no podés ir a un juicio público sin utilizar algún medio audiovisual para reproducir los datos que arrojan los elementos probatorios, la dificultad burocrática conspira contra esas posibilidades.

Saludos,

AB

Vicky dijo...

AB, buen día

Exacto, fue recorrer y correr por BA. Armamos grupos, cada uno iba a una repartición distinta (Boletín Oficial, IGJ, Tribunales).

El horario era de 7 a 8.30, un par de veces no tuvimos clases y salíamos a hacer los "TP urbanos".

En el grupo uno solo no trabajaba, el resto laburamos full time, estudiamos y cursamos en el tiempo que nos queda, y con lo que queda de nosotros, lamentablemente. Lo malo de eso son algunos entes que dan clases y sus humillaciones al estilo "hay que leer eh, en la semana hay que leer". Hace falta decirlo frente a 100 personas? Detrás del alumno que cursa tenés diferentes realidades, no siempre se puede, se quiere, pero no se puede.

Lo bueno del MSN y diversas tecnologias es poder hacer un TP a la medianoche en grupo, cuando los integrantes viven en Jose L Suarez, Gerli y Morón.

Slds, Vicky

Juan R dijo...

Tomás: Primero, muchas gracias por abrir tu espacio a la reflexión acerca del problema que te traje.

Y si bien estoy, en general, de acuerdo con vos. Te voy a plantear mis desacuerdos, así seguimos debatiendo un poco.

Lo primero, creo que te contradecís un poco cuando, en un lugar de tu posteo, decís que el docente nunca debe bajar el nivel del curso o de su método por el conformismo de los alumnos, pero luego decís que no es bueno desaprobar mucha gente.

El problema es que con métodos no tradicionales, muchas veces se desaprueba un porcentaje mayor al promedio. Es casi inevitable que los métodos diferentes cuesten un poco mas y generen peores resultados.

Y –voy a ganarme el odio de todos- yo creo que está bien desaprobar a un promedio mayor.

Al menos en la UBA, que es la facultad que conozco, la dificultad de la carrera de abogado depende exclusivamente del alumno, que perfectamente puede recibirse con muuuuy poco estudio, y por eso, si se eleva el nivel, probablemente se vaya a tener peores resultados.

El otro problema que veo, y que fue expuesto en la discusión, es que quienes estudian y trabajan (como fue mi caso), pretenden (pretendí y logré), cursar y aprobar la misma cantidad de materias de quienes tienen dedicación exclusiva para el estudio.

Lo que conlleva esto es que, o se baje el nivel para incluir a este grupo que, a pesar de su buena voluntad, no tiene el tiempo de estudiar a fondo cuatro materias por cuatrimeste, o se eleva el nivel y se les dificulta la cosa.

Y, si bien es injusto que haya gente que, a pesar de querer fervientemente llegar a ser abogados (buenos abogados), en un tiempo razonable, no vaya a poder hacerlo en el ritmo que preferirían, por tener que dedicar nueve horas diarias a atender un almacén, no creo que esté bien regalarles materias sólo por eso.

El título de abogado, como cualquier otro, debería ser algo difícil de conseguir, debería requerir un esfuerzo importante por parte del alumno, y no convertirse en ese papelito sin valor que se entrega después de seis años de pasear por recoleta (sé que exagero, pero es la sensación que me da a veces).

Y mas grave es la situación de los postgrados, donde se tiene en cuenta que la mayoría de los alumnos trabajan y por eso, salvo muy honrosas excepciones, se entregan títulos de especialistas luego de estudiar de manuales (esto me consta por mi experiencia actual en la carrera de especialización en derecho penal de la UBA).

Pido disculpas por lo desordenado de la exposición, son sólo algunas de las ideas que me surgieron, y que pude escribir en los quince minutos del almuerzo.

Tomás Marino dijo...

Juan, parece una contradicción pero en verdad es un punto de equilibrio entre uno y otro extremo. El no desaprobar a todos refiere a que muchos docentes se animan a plantear nuevas formas de dar la clase, de evaluar y de llevar la materia esperando o imaginando una respuesta del alumnado que finalmente no la obtienen, y se enojan desaprobándolos. Quiero decir, proyecta en el alumno más expectativas de las que son razonables de esperar. Al fin y al cabo el alumno llega a una materia, entre otras treinta que sigue usando el examen memorístico.

Muchos docentes se jactan de desaprobar al 90% del curso. Puede que esté bien que así sea (porque el rendimiento fue efectivamente malo), pero tampoco hay que dejar de preguntarse por qué. Qué falló, o qué fue lo que no se comprendió. Nunca libra de culpas al docente, cuando en un curso se desaprueba a la gran mayoría. Sea que se use la vieja escuela de la memoria, o se planteen nuevas formas de evaluación.

Por eso la idea del equilibrio. Plantear lo nuevo, mostrar su valor; pero estar atento al resultado y no festejar desaprobadas masivas. Intentar ajustar tuercas en todo momento. Por eso la frase de Guibourg al inicio del post.

Si se ve que caen masivamente en desaprobados, no digo que hay que "volver a lo malo dado que con eso aprobaban", sino reajustar lo nuevo, mejorarlo y pulirlo. Tal vez aclarar de antemano de una manera más completa cómo serán las formas de evaluación, los requisitos de la materia. Quién sabe, queda a criterio del docente.

Coincido sí, en que nuevas formas de dar clase y de evaluar implica mejorar el nivel. Siempre que se mejore el nivel, van a haber varios que se peguen el golpe y tengan que recursar. Nada malo hay en ello. Es parte del cambio.

*

Por lo otro, en mi caso fue igual. Trabajé y estudié (trabajo y estudio, perdón) durante toda la carrera. Y hoy día tuve que bajar el ritmo de cursadas por cuatrimestre casi por recomendación médica (estaba zombi todo el día, mal dormido y comido). Y todo por ir "a tiempo" (me tomé lo de carrera bastante literal) y por intentar tener el promedio arriba de ocho.

En mi caso, siempre renegué del bajo nivel de las cursadas y hasta me indignaba un poco —debo admitir— cuando veía gente que sin trabajar ni hacer nada más allá de la facultad, aun así demostraba nulo interés por hacer las cosas bien. Más aun, esos son los que reniegan cuando alguna pregunta dispara un debate, o hace que la clase se vaya de los "contenidos de examen".

Coincido, el título de abogado debería costar mucho. Como cualquier título universitario. Los que trabajamos no podemos usar eso como excusa para beneficiarnos de un peor nivel ni mucho menos. Si tenemos que desaprobar o demorar un poco más, así debería ser. La profesión de estudiante sale cara; lleva tiempo y el tiempo es plata. Lamentablemente.

Vicky dijo...

Un obstáculo para los profesores como Juan son los alumnos que, ante la solicitud de "piense, razone", ponen cara de "eh??? yo?? pensar???".

Lo que no saben muchos estudiantes de Derecho es que van a ser, además de abogados, científicos sociales, el Derecho es una ciencia social, y no es una disciplina aislada. No saber relacionar conceptos y mucho menos interrelacionar contenidos propios de la carrera con los de otras disciplinas, como ser Sociología, Historia.

Se necesitan profesores que formen académicamente y luego verifiquen que los alumnos hayan aprendido y aprehendido, con todo lo que éste último término implica.

Y se necesitan alumnos que se comprometan con lo que van a ser, abogados, científicos sociales, con todo lo que esa profesión engloba.

Agustin Celesia. dijo...

Tom , leyendo tu post. Y las reacciones y comentarios de tus lectores se me dibuja una sonrisa casi involuntaria…un destello de humanidad jaja, tu línea de pensamiento es solida y clara. Obvio que esto también lo digo porque me siento dentro de ese grupo de freaks que quieren, necesitan, imploran un granito más de creatividad en las formas de abordar los temas por parte de los docentes.
Yo tengo la suerte, más que suerte el privilegio y honor de compartir la facultad y el día a día con una cabeza, pensante, critica y “Derrochona” de conocimientos como la tuya… lo que me permite no solo darme cuenta de lo bueno que es leer y pensar sino también lo bueno de dejarse llevar por las buenas influencias….lo cual creo yo es la clave de esto…. Que los docentes creativos nos influencien positivamente y así los freaks seremos cada vez más y más hasta dominar el mundo¡¡¡¡¡¡ (hu me fui al pasto…pero bueno se entiende…)

Juan R dijo...

Vicky, respetemos al amo del blog, asi que no soy "profesor", sino "abogado que da clase"... jajajaja.

Ahora en serio, la verdad es que frustra bastante obtener malos resultados con técnicas que, a mi al menos, me parecen mucho mas divertidas de lo habitual, máxime cuando uno ve que ante un examen tradicional los resultados son mucho mejores.

Aunque el punto cúlmine de la angustia llega cuando uno se da cuenta de que, a pesar de las advertencias que damos a lo largo de todos el cuatrimestre (somos un cuerpo docente joven, ergo, sabemos usar el google), el diez por ciento de los trabajos de investigación resultan ser un corta/pega de variadas páginas de internet.

Según me ha llegado (por medio de uno de mis secuaces de comisión), en desmedro de la explicación tradicional, según la cuál esto pasa porque lso alumnos son todos vagos, hay un profesor de la Carrera Docente de la Facu (Derecho/UBA), que sostiene que la culpa es de los profesores, que no supimos adaptarnos al cambio del público.

Según esta teoría, el conflicto viene dado porque seguimos insistiendo con métodos "arcaicos" (investigación sobre y presentación en papel), para lo que la generación MSN, Facebbok y Playstation, no estaría preparada para operar.

No creo estar muy de acuerdo con esto, pero la idea es suficientemente provocadora como para que nos tomemos el esfuerzo de pensarla.

Tomás Marino dijo...

Todavía me causa gracia el uso que le han dado al término "abogado que da clase". Bovino lo adoptó sin más y se ha expandido bastante. Ayer lo leí en otros blogs y me causó mucho.

Si bien no soy yo la autoridad que lo define, es bastante obvia tu calidad de docente. El sólo hecho de discutir estos temas ya lo comprueba.

En mi experiencia, como ayudante alumno (¿un alumno que da clase?) me ha pasado lo mismo que vos juan. Trabajos con muy poca dedicación, pésima entrega en papel, muy poca meditación en el contenido, etc.

Por lo del método arcáico, es una explicación que no comparto. El 95% del trabajo de quienes de esa facu egresen va a ser escrito, y no me imagino a tus alumnos metiendo una reposición por facebook, o buscando al juez por msn y planteándole una apelación.

El papel está vigente. Es más, en la materia donde estoy yo, hasta no tendría problema en que envíen el PDF en lugar de la versión papel. Pero prefiero hacer devoluciones, marcarles el trabajo, escribirlo. Es más interesante.

Anónimo dijo...

Tomás, en mi opinión el post es algo confuso, ya que comenzas diferenciando entre el docente y el abogado que da clases para luego describir una situación en la que sería lógico que esta implicado el abogado que da clases y no el docente. Es decir, entiendo que el docente es el bueno de la película, el que tiene vocación, el que le "pone ganas", y por ende más proclive al cambio ante una situación como la que describis.
Además hay que tener en cuenta que las cosas no son malas simplemente porque no nos gusten y que lo otro no siempre es mejor. Pensa que a veces podemos ser esos infelices ( utilizo el término en relación a la parte en que decis que no se puede dejar feliz a todo el mundo) sin darnos cuenta, aunque no necesariamente signifique que estemos equivocados.
Bueno espero haber sido claro en lo que pretendo expresar.

Saludos. Juan.

Anónimo dijo...

Tomás, el título de mi ponencia para el en cuentro de Bogotá Es:

¿Soy un blogger que da clase?

Saludos,

AB

Miguel dijo...

Vicky,
¿Cuál es la cátedra de comercial?

Gracias!

Anónimo dijo...

Bueno.. acabo de ver este post bastante tarde.. pero de todas formas me dieron ganas de dejar mi comentario.

Todo es relativo, como decís. En principio, uno puede ver la diferencia si distingue a: I) aquel alumno que no le importa más que aprobar la materia, aunque sea raspando la línea de la mediocridad, para poder subir un escalón más y tratar de recibirse lo más rápido; II) de aquel otro que realmente se preocupa por aprender, por comprender como funcionan las cosas, por mejorar en su formación, porque se apasiona verdaderamente de lo que está estudiando y su título puede ser más que un premio por su esfuerzo y dedicación.
Partiendo desde este punto de vista, el método que se utilice para enseñar puede generar efectos totalmente contrapuestos. Por lo que no siempre va a depender del docente lograr una motivación suficiente que permita un triunfo de estos nuevos métodos.
Ahora, yo pregunto ¿qué es lo que más le importa al docente? ¿tener un aula repleta de alumnos o difundir un conocimiento, formar, enseñar eficazmente?.
Uno sabe qué significa que el aula desborde personas …. Por lo que no entiendo todavía el temor.
Lamento exteriorizar que a veces he sentido que pasaba por una cuestión de competencia. No quiero ser más explícita. Se entiende. No generalizo (porque también me han enseñado a analizar la tipicidad con el principio de la película Magnolia), pero lo he visto y me genera tanta tristeza como bronca.
Por lo demás (en cuanto al alumnado), reconozco que a veces se hace muy difícil emplear diferentes sistemas de enseñanza, que en la pluralidad –en todo sentido- que hay en las universidades se hace muy tedioso y complicado congeniar horarios, encontrar recursos (como ya dijo más arriba Alberto B.), ganas de todos, predisposición de la mayoría, etc., y más etc.. Pero creo que no debe ser obstáculo para que, de todas formas, se intente subir el nivel de exigencias, SIEMPRE Y CUANDO, al mismo tiempo EL DOCENTE pueda ofrecer, dar, LOS RECURSOS, INTRUMENTOS, ELEMENTOS, MATERIALES, INFORMACIÓN suficientes y necesarias para que NO EXISTA una falta de ellos y una diferencia entre los alumnos para poder tener la aptitud que se requiere para poder terminar con la cursada, aprendiendo/aprehendiendo y aprobando.
Sí me parece injusto que se desapruebe por la utilización de una forma de enseñanza más exigente sin haber dado la oportunidad a los alumnos para poder adquirir los recursos precisos para poder entender y meterse de lleno en una materia. He visto la desigualdad en nuestra facultad, he visto que quienes han trabajado alguna vez o vieron un expediente se encuentran en otras condiciones más favorables; y el error, cuando te piden que les expliques cómo es un expediente (para decir algún ejemplo figurativo) no es que te desaprueben porque no sepas explicarlo, sino que te desaprueben porque no sepas explicarlo pero porque nunca tampoco te lo mostraron.
Pero coincido con varios de los que comentaron arriba, de que el título de abogado debería costar, que uno tiene que tener el título de abogado y realmente saber cómo manejarse. Costará más, irán desistiendo aquellos que entran en el dicho (“el que no sabe que estudiar, que estudie abogacía …”), aquellos que se dan cuenta que no les gusta, etc., pero todos saldremos sabiendo ser abogados.

Saludos!.

Rocío P.

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