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martes, 10 de enero de 2012

¿Por qué tanta gente se inscribe en la carrera de abogacía?

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Es público y notorio que la carrera de abogacía tiene muchos más inscriptos y egresados que otras disciplinas alternativas incluidas en la oferta académica de las universidades públicas. Unos pocos años atrás, las estadísticas oficiales daban cuenta de un ratio de cuatro egresados abogados por cada ingeniero recibido. Este panorama no ha variado significativamente a la fecha.

Se han invocado muchas causas para esta realidad: que el título de abogado tiene una amplia incumbencia (es decir, puedo aplicar para muchos tipos de trabajo: juez, abogado, notario, fiscal, asesor, legislador, etc.); que la carrera está relacionada con un supuesto ascenso social relevante, o bien que atrae a los alumnos dubitativos y que no tienen buena relación con las ciencias duras y empíricas, como la física y la matemática (al fin y al cabo, serás lo que debas ser o serás abogado).

En rigor, la cadena causal que da respuesta al título de la entrada es sin duda compleja y no pretendemos dar una respuesta definitiva.

Lo que resulta curioso, y sí interesa destacar, es que este fenómeno de mayor cantidad de inscriptos —y de egresados— que tiene abogacía no se ve alterado ni por la demanda de profesionales de otras disciplinas (que tienen una salida laboral prácticamente garantizada y una fuerte inversión en becas por parte del estado), ni por el hecho de que el mercado laboral "legal" esté completamente saturado. No es raro ver cómo, en ciudades donde la matrícula abogadil está sobrecargada, se evidencia una deformación del ejercicio profesional: anomia frente a las reglas éticas impartidas por los Colegios Profesionales, desprolija captación de clientela, formas agresivas de litigación, trato irrespetuoso entre colegas, aventuras judiciales, judicialización de conflictos que o bien no son tales, o bien hubieran merecido una solución alternativa socialmente menos costosa y amigable, etcétera. Ello da cuenta, aun más no sea en parte, que hay poco trabajo; y sobre ese poco, compiten muchos.

También contrasta aquél dato con el hecho de que la educación jurídica pública atraviesa su peor momento. O dicho de otra manera, atraviesa su típico e inmutable momento: el modelo prehistórico y agotado de enseñanza del derecho.

Recordemos que las facultades de derecho en Argentina no tienen licenciaturas sino carreras de abogacía. El modelo de enseñanza (con ello refiero a un complejo entramado de instancias, que van desde el discurso áulico y los planes de estudio, hasta los métodos de enseñanza y la valoración general que los actores universitarios tienen de todos estos elementos) está dirigido a la enseñanza de la ley a los fines de representar los intereses de un individuo (o conjunto de tales) en un determinado conflicto judicial. 

Se construye en ese contexto un modelo de reproducción discursiva que metodológica y sustancialmente es deficitario, y dentro del cual podemos marcar unas muy pocas características que no agotan el diagnóstico:

1. Un apego enfermizo a un modelo de enseñanza prehistórico, basado en el formato de clase magistral, con el docente que "vuelca" su conocimiento a modo de discurso unilateral. La clase, como tal, está devaluada en tanto carece de valor agregado. Es lo mismo —y en ocasiones una mejor opción— rendir "libre" por vía de programas ad hoc de bolilleros mosaico en el cual los estudiantes se someten a un puñado de preguntas definidas por el azar, y donde deben demostrar que conocen una ínfima parte de los temas, siendo ello suficiente para que se presuponga —ficción de por medio— de que si le hubiera tocado las otras bolillas, hubiera respondido también satisfactoriamente.

Las clases están condicionadas por el apremio, el apuro por dar todo, a como dé, y a la preparación del parcial. Las clases son en ocasiones un medio de preparación de un parcial; hay que ver los temas para el parcial y no utilizar éste último para analizar en qué forma se comprendió aquello que fue tratado en la clase.

Una clase de derecho es, en el imaginario de cualquier alumno, un ámbito en donde se estudiará —rectius: conocerá y eventualmente memorizará— una pequeña parcela del ordenamiento jurídico, sea civil, comercial, penal, etc., que luego deberá ser recordado y "volcado" en el examen.

Ello se entremezcla con la falta de capacitación docente en materia didáctica, y vicios históricos de la docencia del derecho que hemos analizado en este blog en numerosas ocasiones (acá, acá, acá y acá, por mencionar algunas). 

2. El discurso jurídico —en la universidad pública, al menos— sigue bañado de una fuerte impronta positivista, en donde el formalismo jurídico y el normativismo dejan de lado a cualquier tipo de visión crítica o desmitificadora. Se sigue de ello el invariable amor por los mitos jurídicos, las pseudo disputas estériles, la búsqueda de naturalezas jurídicas, el inconsciente apego por el realismo verbal, las ficciones y la ausencia de cualquier tipo de literatura emancipadora, que haga pie en un contacto social, sensible, y por sobre todo, crítico frente a los institutos legales y la práctica jurídica cotidiana.

3. La ausencia de reflexión crítica. La crítica, el debate y la deliberación —entidades con su correspondiente dimensión epistemológica— se muestran ausentes de las clases de derecho, relegadas a seminarios especializados o al esfuerzo de profesores que provienen de la teoría general del derecho, la filosofía, la sociología o el derecho público, quienes por la naturaleza de su formación, reconocen la importancia de que el alumno no se contente con el statu quo y se anime a ponerlo en jaque constantemente.

4. La bibliografía áulica en la carrera de grado sigue girando en derredor de la dogmática jurídica tradicional,  modelo de "ciencia" del derecho que ostenta serios déficits que pasan inadvertidos y se reproducen en la práctica y producción de los egresados (ayudado ello por el hecho de que el círculo editorial jurídico descansa también sobre estas mismas bases y tipos de discursos).

La dogmática jurídica tradicional es un modelo anticuado, con la que se identifica la labor típica del jurista, y en la cual subyace inconscientemente una aceptación dogmática al derecho positivo, una débil metodología fundada en ficciones variopintas (v.gr. legislador racional), tramposas sistematizaciones a base de principios generales, la constante utilización de "teorías" (i.e. abuso del derecho, gobierno de facto, el reenvío en el derecho internacional privado, etcétera) como entidades falsamente descriptivas, el apego al realismo verbal, etcétera (1)   

Los casos en que la literatura crítica se ha transformado en la bibliografía de aula de materias "troncales", siguen siendo excepcionales (podría pensarse, en Argentina, la obra de Eugenio Zaffaroni en la parte general del derecho penal).

5. La escasa interdisciplinariedad. Salvo en el caso de la economía (aunque no todos los planes de estudio la componen), es escasa la interdisciplinariedad. Los planes de estudio dan cuenta de cursos cuyos discursos son autosuficientes y no necesitan recurrir a elementos que pudieren aportar otras disciplinas: el caso de la filosofía, el arte, las teorías de la argumentación, teoría de sistemas, teoría de conflictos, las teorías críticas en general, entre otras, y que usalmente están apartadas de la currícula promedio de una carrera de abogacía (lo que no quita excepciones, en formas de talleres o seminarios optativos).

Piénsese, a modo de ejemplo, la decisión judicial o el debate parlamentario. Campos típicos y paradigmáticos de argumentación moral y jurídica (aunque ésta última no deja de ser una rama de aquélla). ¿De qué forma es posible justificar válidamente una solución que se pretende justa, o una ley que se pretende válida en tanto producto de un proceso democrático deliberativo, si el actor social que participa en estos procedimientos carece de un conocimiento -aun mínimo- de filosofía moral, teorías de la argumentación o de las ciencias sociales que aprehendan el conflicto a que refiere esa decisión o esa norma?

De igual forma, poco se hace para desatorar un poder judicial que se reconoce en crisis por sobrecarga de tareas, y en el que se judicializan conflictos que bien pudieran encontrar otras formas de solución. La Resolución Alternativa de Disputas (y con ello, la teoría de conflictos, teoría de la negociación, teoría de la comunicación, teoría de juegos, teoría de la decisión, etcétera) constituye un plexo de disciplinas aun postergadas para el posgrado o seminarios optativos. 

Es la forma de enseñar derecho, con su visión centrada en el litigio judicial confrontativo, la que ha transformado al proceso judicial, de ser un método de resolución de conflictos que ayude a la paz social, a ser un conflicto en sí mismo, y frente al cual es menester encontrar formas alternativas y menos costosas de arribar a soluciones pacíficas (v.gr. mediación, arbitraje, amigables componedores, etc.).  

Baste pensar cuánto tiempo (y con ello dinero) se gasta en analizar si la posesión es un hecho o un derecho, o si es más fundada la posición de Ihering o la de Savigny, para dar cuenta de que el costo de oportunidad de una mala elección de contenidos áulicos es muy alto.

6. Los métodos de evaluación descansan en exámenes escritos en los cuales la mnemotecnia se impone por sobre el razonamiento práctico. Explique los requisitos para una usucapión breve y defina "justo título", detalle cinco actos jurídicos que deben instrumentarse por escritura pública, enumere las etapas de un proceso sucesorio, explique las condiciones de admisibilidad de un recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley. El único desafío para el alumno es, frente a este panorama, el hecho de recordar datos leídos en su casa y poder escribirlos en su hoja —sin la ayuda de los textos legales— al momento de rendir. Memoria frente a la reflexión; el examen como un simple juego de recordar datos normativos o jurisprudenciales. Los trabajos prácticos, las producciones escritas o incluso orales, son excepcionales o son relegadas a materias prácticas sobre el final de la carrera (en las cuales no siempre se realizan). Esto lo hablamos acá, cuando comentamos que en la facultad de derecho [se cree] posible conocer una trompeta sin jamás haber visto o escuchado una.

El método de evaluación de tipo mnemotécnico genera tranquilidad para el alumno, a la vez que vicia su sistema de estudio, comprensión y lectura. No importa ya entender, criticar o discutir, sino sólo recordar.

Este fetiche por la memoria y el dato normativo ayuda a explicar dos cosas.

Primero, la preferencia generalizada por el circuito bibliográfico alternativo: guías de estudio, apuntes anónimos y resúmenes generales. Los docentes imparten una moral engañosa, puesto que a la vez que regañan a los alumnos por la utilización de este tipo de materiales, demuestran, con sus sistemas de evaluación, que los datos que allí se incluyen son harto suficientes para aprobar el curso. Y segundo, el terror frente a la exposición oral: el examen oral, aunque más costoso, es sumamente más justo y eficiente para indagar la forma en que un alumno aprendió y aprehendió un determinado contenido. El alumno en general escapa a esta forma de evaluación en tanto le exige aptitudes que la propia facultad no solo no le ayuda a desarrollar (la oratoria, por caso), sino que tampoco se la muestra como necesaria. Si lo que el docente quiere es que el alumno describa lo que dice la ley, para el alumno es siempre mejor escribirlo. Encuentra allí una jugada sin duda más segura y con mayores probabilidades de éxito (puede escribir, borrar, contestar una pregunta antes que otra, no se somete al posible pánico escénico, etcétera).

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Ahora bien, tan problemático resulta este estado de cosas (que es más complejo de lo que acá se describe) como el hecho de que sea este tipo de educación y este modelo de egresado el que efectivamente necesite y reciba la sociedad, e indirectamente las instituciones públicas. No hay que perder de vista que el tipo de discurso que se reproduce en las aulas hoy, en general acrítico, dogmático, irreflexivo y unilateral, influirá mañana en la forma en que el egresado lo transforme en prácticas jurídicas concretas; léase formas de decidir, formas de investigar, formas de argumentar, formas de perseguir, formas de castigar, formas de legislar, formas de justificar políticas públicas de distribución de riqueza, etcétera.

La enseñanza del derecho merece ser revisada, en método y en contenido. Repensar qué se dice, cómo se dice, para qué se dice y por qué se dice. 

Entre tanto, sigue siendo curioso (e incluso preocupante) el contraste entre esta oscura realidad de reproducción discursiva y dificultosa inserción laboral, y el hecho de que es en ella donde la mayor cantidad de estudiantes se zambullen al iniciar sus estudios universitarios.

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(1) Sobre éstas cuestiones, en forma resumida, ver Nino, Carlos S. "Introducción al análisis del derecho" (Astrea, 1984, p. 321 y ss); la misma temática, in extenso, el mismo autor, en "Consideraciones sobre la dogmática jurídica" (UNAM, 1984) 


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22 comentarios:

Anónimo dijo...

te admiro muchisimo. sos un crack de verdad

Alan dijo...

Tomás, como siempre genial lo que escribís. Refleja la realidad en las aulas (por lo menos lo que a mi experiencia hace). Saludos y espero que subás entradas más frecuentemente (en especial recomendando libros, estoy devorando a Nino gracias a tu blog). ¡Buen año!

Anónimo dijo...

Titulo y contenido están disociados.
La sustancia del artículo (reflexiones sobre la enseñanza del derecho) no tiene relación directa con la propuesta formulada en el título, que sugiere que el post analizará causas o motivos de los elevados niveles de inscripción de alumnos en la carrera de abogacía.
Si no es sencillo mantener coherencia en una publicación de 500 palabras, ¿te imaginas lo difícil que es hacerlo a lo largo de toda una materia? (ni hablar una carrera)

Igualmente, aplaudo el esfuerzo por repensar el sentido, la forma y los contenidos de la enseñanza del derecho.
Abrazo
W.G.

Tomás Marino dijo...

Sí; es cierto. El título de la entrada es un poco incoherente con el contenido. Era tarde, seguramente fue una mala elección. Saludos

Jorge Luis Bilbao dijo...

El tema de las formas de enseñanza y los métodos no es propio del derecho, es un fenómeno generalizado a distintas materias.

Y tiene una explicación un tanto sencilla; la falta de sometimiento de los docentes a una evaluación permanente en cuanto a como desarrollan su actividad.

Profesores "concursados" hace 30 años que están mas aferrados a la silla y no quieren que nadie se meta en su "quintita".

Y cuando personas tenemos ganas de participar, de introducirnos en la docencia para intentar cambiar las cosas y mejorar un poco todo ellos es simple NOS CIERRAN LAS PUERTAS.

Gabriela dijo...

Estudio derecho en la Pontificia de la Universidad Católica de Chile, y como su nombre lo indica el sistema de enseñaza se quedó en la época medieval.
Los profesores son excelentes abogados, premiadísimos y muy reconocidos, pero no todos SABEN enseñar y se han quedado con el modelo "clásico" de enseñar.

Una cosa sí, mis pruebas y examenes son orales, y este sistema tiene una ENORME deficiencia, la ambigüedad. La nota no sólo depende de los conocimientos, también del ánimo del interrogador, tu presencia, si te conoce o si le caes bien o mal. Muy arbitrario y subjetivo y sin derecho a réplica.

Gracias!
Atte,
Gabriela Benítez Sobarzo

Anónimo dijo...

Creo que el contenido de post deja entrever una respuesta a la pregunta del título; y esta sería que se inscriben en derecho y no otra carrera porque es más fácil que las demás.
Si en todas o casi todas las materias hay posibilidades de anotarse en una cátedra donde lo único que importa es la memoria -ni siquiera la forma en que se vuelca a un papel: si posee faltas de ortografía o no, si está bien redactado o no, etc.-, donde participar en clase es hasta visto como una amenaza por el docente, donde la reflexión es prácticamente nula, y en definitiva, el nivel de enseñanza decae, parece hasta casi lógico que el que está boyando por la vida, no sabe qué hacer de ella y conoce la fama de la carrera, se meta en derecho.

Claro que no sé si realmente es algo que el autor del post quiso decir. Es una conjetura mia luego de haberlo leído y de haber completado la carrera de abogacía en una Facultad donde los buenos son de oro y escasean.

Saludos!


R.

Facundo dijo...

El comentario de W.G. es bien mala leche. Yo el titulo lo entendí. es como una pregunta retórica de porque tanta gente se inscribe en una facultad en la que la educación es tan precaria.

y ademas de mala leche es falaz. marino en ningún momento habla de la "falta de coherencia" en la carrera, por lo que ese argumento de "si el autor del blog no es coherente, difícil es hacerlo en toda la carrera" es bastante bobo.

salu2.

F.E.

Anónimo dijo...

No fue mala leche lo de W.G. El propio autor que le dejaron reales facilita reconoce el desfasaje entre el título y el contenido.

Pichonbogus dijo...

Hola Tomás, sigo el blog desde hace ya un año, cuando decidí estudiar abogacía y tuve la idea no muy original de abrir que un blog que se llamara "quiero ser abogado". Te quiero decir que este es uno de mis blogs de cabecera, y a pesar de estos post que podrían ser desalentadores, leerte siempre me dan ganas de meterme de lleno en la carrera.
Soy uno de los tantos que entró en abogacía sin saber muy bien porqué, pero descubro que Derecho me gusta. No es que uno no vea que la profesión está saturada, pero también pienso que es una de la más flexibles en cuanto a los ámbitos donde podés desenvolverte. En mi caso también lo pienso también como algo que me permita trabajar por mi cuenta, estos son un poco los motivos (o excusas, no sé) que me acercan a la carrera. Sí me parece fundamental, para que la abogacía pueda mantener esta flexibilidad y esta cosa de que "en todas partes se necesita un abogado", darle más cabida a lo que llamás interdisciplinariedad, cruzar el derecho sobre y con nuevas tecnologías, adaptarlo a nuevas demandas, nuevas formas de vivir, pensarlo en función de lo que la sociedad requiera de acá para adelante (paradójicamente, la desjudicialización de conflictos pareciera ser una de estas nuevas demandas para las estaría bueno formarnos y no solamente para todo lo contrario).
Te mando un saludo y gracias por la cantidad y calidad de reflexiones y consejos que das.

Javier García de Tiedra González dijo...

Es cierto, siempre somos muchos en los grupos de Derecho. Eso sí, la cantidad desproporcionada de estudiantes que entra en primer año es directamente proporcional a la increíble cantidad de estudiantes que la dejan en segundo o tercero.

Un saludo y gran blog.

Anónimo dijo...

Hola a todos mis respetos a todos y cada uno de ustedes, me llamo Cristian soy de Venado Tuerto; Santa Fe, Argentina, tengo 31 años y me encantaria estudiar Derecho, aclaro; tengo trabajo por suerte, pero siempre me ah gustado ayudar a quienes menos posibilidades tienen en la vida, y veo en esta carrera esa posibilidad de hacerlo de forma pasional y tecnica.
Ahora mi pregunta es; podre hacerlo a esta edad y la misma podra complacer ese sentimiento que me nace desde el corazon o simplemente le estoy pifiando, como quien dice, de carrera
Desde ya mil gracias a todos, un gran abrazo!

Alejandra dijo...

Yo estoy de acuerdo con la sobresaturacion pero me gustaria saber si alguien tiene estadisticas que indique cuantos de los egresados realmente ejercen la profesion de bogado o pasan a estudios superiores para puestos de "alta jerarquia" o si hay algun lugar donde se pueda buscar informacion con relacion a eso.

Gaby Feinberg dijo...

Me parece muy bueno el artículo (más allá de si el título coincide totalmente o no con el contenido), me hizo revivir mis años de estudio en la UBA. A los que esten estudiando les recomiendo en todo lo referente a Penal, cursar en las cátedras de Hendler, especialmente con Nacho Tedesco, Gabriela Anitua y por supuesto Edmundo Hendler. Si quieren aprender a ser críticos, aprender a leer entre líneas, en fin, olvidarse de repetir conceptos sin saber para qué y por qué, son excelentes docentes (tedesco mi favorito). Soy abogada, aunque no ejerzo hace unos años y ahora me dedico a diseño web.
Excelente también el artículo "Cada vez que un profesor de derecho".

Ignacio dijo...

Muy interesante el articulo, sobre todo en épocas de decisiones. Comento mi caso y si alguien es capaz de facilitarme su opinión desde "adentro" del mundo del derecho, sería para mi de gran ayuda. La pregunta es simple: conviene empezar abogacía (uba) a los 30 años teniendo en cuenta la edad de finalizacion de la misma sabiendo que uno deberá enfrentar una feroz competencia con gente mas joven y ya experimentada?
Agradezco cualquier opinión desde ya.

Anónimo dijo...

hola ! ignacio, yo tengo 38 y este año empiezo el cbc, nunca es tarde, sobre todo si es un anhelo de muchos años como el mio, no pretendo hacer la gran carrera, pero si, cumplir mi sueño y trabajar de lo que me gusta y apasiona,, saludos, mucha suerte!

wilmodel dijo...

hola ! ignacio, yo tengo 38 y este año empiezo el cbc, nunca es tarde, sobre todo si es un anhelo de muchos años como el mio, no pretendo hacer la gran carrera, pero si, cumplir mi sueño y trabajar de lo que me gusta y apasiona,, saludos, mucha suerte!

Maria Elena Quinteros dijo...

Hola Tomas buenas tardes...acabo de encontrar tu blog y me gusto por el titulo quiero ser Abogado..ami me gustaria ser un buen abogado, ya que espero pronto inicar la Licenciatura, si me puedes ayudar con tu experiencia y conocimientos los consejos para quien inicia la carrera de antemano muchas gracias y ojalá tengas el tiempo para contestarme...

Anónimo dijo...

Hola buenas tardes...estoy por empezar derecho en la uba. Tengo 23 años y es mi segunda carrera. Me gustaria que me ayuden en saber si es recomendable hacerla a esta edad o ya estoy grande? Otra consulta...es cierto que hay muchisima cantidad de gente recibida de abogacia. Es conveniente estudiar algo en donde ya hay tanta demanda y tan poca oferta laboral? Gracias

Andrea dijo...

El ser abogado es un trabajo delicado en mi opinión, ya que ser muy prudente, porque el resolver un saco de cualquier, ando buscando información sobre abogados de lesiones personales, navegando en la Web encontré un portal que me agrado mucho es Alvarez y Rodríguez, LLC

Anónimo dijo...

A mi me parece una carrera prostituida (hablo de mi entorno), me arrepiento haberla estudiado. No solo es aburrida y cuadriculada en su aprendizaje y práctica sino llena de malos valores. El chiste del abogado ladrón es más común de lo que se cree. Amañar la norma para el beneficio propio y del cliente pésimo, un sistema judicial nada justo. Por lo menos en mi país si eres un abogado honesto y que lucha por lo transparente no tienes dinero o terminas enterrado en una fosa. Ojalá y nunca hubiera entrado a esa facultad. Lástima. Bueno el artículo por cierto.

Anónimo dijo...

Como diría Karl marx: "No es la conciencia la q determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia". El término derecho es un término que surgió con el ascenso de la burguesía y su lema de "igualdad, libertad y fraternidad"
"Derecho y justicia" nunca antes existió antes de la burguesía, muchos menos en la Grecia clásica donde predominaba la esclavitud.. Ni hablar de la época feudal


Soy estudiante de comunicación y por ahora me siento cómodo en la carrera porque te permite al menos pensar

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